Archivos Mensuales: noviembre 2017

La última esperanza de la humanidad

La humanidad ha conseguido mejorar mucho en el último siglo y aunque parezca que todo está peor que nunca, es el momento de la historia en que menos guerras y pobreza hay. La consolidación de las democracias occidentales, el desarrollo de los países más pobres o la globalización han contribuido a ello. Sin embargo siguen existiendo muchos conflictos cuyo origen puede deberse a razones políticas, económicas o religiosas, pero que si los analizamos detenidamente nos daremos cuenta de que todo tiene un nexo: la energía.

Cómo obtener energía es el mayor problema que tiene la humanidad y del que se derivan el resto de problemas. Muchos de los conflictos territoriales que existen en el mundo se deben al control de los recursos naturales. La obtención de petróleo y gas ha provocado muchas guerras, ya que quien controla su extracción, dispone de una gran riqueza que puede utilizar para desarrollarse sin dependencias externas. El ejemplo más claro es el de los países del Golfo Pérsico. Hace setenta años no eran más que un territorio yermo en el que solo había arena y rocas. En esos mismos sitios hoy en día se erigen los rascacielos más grandes del mundo y sus habitantes son los que tienen una mayor renta per cápita. Hacen bien en desarrollarse lo más rápidamente posible ya que sus recursos, aunque abundantes, son limitados. Más vale que el día en que se acaben, estos países tengan alguna alternativa para el sustento porque en caso contrario no podrán vivir en unas condiciones similares a las actuales. La obtención de recursos para producir energía es lo que mueve no solo a estos países en concreto sino al mundo entero. Un país que tenga acceso a energía relativamente barata será capaz de desarrollarse, en caso contrario será imposible que mejore. Sin energía no puede haber industria, construcción o producción de alimentos a gran escala. Si las necesidades básicas de una población no están cubiertas es imposible aspirar a logros mayores. Por lo tanto la prioridad de cualquier Estado es la de obtener energía para funcionar. Pero si esa energía es escasa y cara se producen desequilibrios entre los que la controlan y los que la necesitan pero no pueden acceder a ella; se produce desigualdad. Esa desigualdad es lo que a menudo crea los conflictos a nivel mundial.  Si eliminamos esa desigualdad, habremos acabado de un plumazo con la mayor parte de los problemas de la humanidad. Imaginemos que la energía, de un día para otro, pasa a ser prácticamente gratuita, ilimitada y limpia. La contaminación del aire y del agua serían historia. Se podrían construir desaladoras de agua que regaran los desiertos y los convirtieran en bosques. Podríamos producir alimentos de cualquier clase en cualquier lugar del mundo. La fabricación de casi cualquier cosa pasaría a costar una fracción de lo que cuesta ahora. El transporte sería tan barato que la gente podría moverse con mayor libertad y en menor tiempo. Cualquier pueblo podría ser autosuficiente porque podría producir lo necesario para subsistir por sí mismo. En un mundo en el que todo el mundo tiene de todo y en el que las necesidades básicas quedan cubiertas, la mayoría de los conflictos quedarían resueltos. La energía es lo que mueve al mundo y lo que más importa para nuestra supervivencia como especie. Contado de esta manera parece una entelequia pero la humanidad podría conseguirlo. Solo veo una solución posible: la energía de fusión.

El sol, debido a su enorme gravedad, es capaz de fusionar dos átomos de higrógeno para crear uno de helio. En ese proceso se libera una enorme cantidad de energía. Es un reactor termonuclear natural y es el mismo proceso que se está intentando replicar en la Tierra, en un laboratorio. Este medio de obtener energía es limpia, segura y prácticamente ilimitada. Tanto que una vez se controle el proceso y se puedan construir generadores de fusión, la electricidad será tan barata y abundante que no tendrá sentido consumir combustibles fósiles para producirla. Existen muchos medios para producir electricidad de manera suficientemente limpia pero la implantación de estas tecnologías es demasiado lenta y mientras tanto el mundo sigue calentándose y la humanidad más cerca de su extinción. Por mucho que evolucione y mejore la energía solar, eólica o maremotriz, es posible que para entonces ya sea tarde y la situación se haya vuelto irreversible. Así que creo que nuestra salvación depende completamente de conseguir dominar la fusión de aquí a pocas décadas. Es la energía que salvará al mundo y debería ser nuestra prioridad. Es, simplemente, la última esperanza de la humanidad.

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