Archivos Mensuales: septiembre 2017

El ‘referendum’ catalán no es un problema

El Constitucional anulará cualquier ley de referendum que apruebe el Parlamento de Cataluña. El Gobierno ataca día sí y día también cualquier iniciativa en este sentido. Los partidos no independentistas muestran unidad para hacer ver que lo que está haciendo Puigdemont es un disparate. Sin embargo la convocatoria de un referendum en Cataluña no tiene importancia. ¿Por qué?

La Constitución es un conjunto de normas que están por encima de cualquier ley. Para modificarla se requiere (por lo general) un consenso político y aquí sí, la convocatoria de un referendum para que la gente vote si está de acuerdo o no con ese cambio. Es obvio que no hay ninguna manera legal de que un gobierno autonómico convoque un referendum para pedir la independencia de su región por su propia cuenta y riesgo. Es decir, que si el actual gobierno catalán le da por hacer una votación para preguntar a la gente si quiere la independencia de Cataluña del resto de España, no es más que una encuesta, tan válida como una que pueda convocar yo en mi barrio y votando por Internet. Es simple y llanamente, una acción sin ningún tipo de consecuencia legal ya que no es vinculante. ¿Por qué entonces esa preocupación porque se celebre un referendum? El gobierno central no debería centrarse en impedir votar, sino en si se están usando fondos públicos para actividades que no son las que deberían. Sería un problema de malversación o prevariación, no de celebrar o no una encuesta popular. En el momento en que el gobierno usa al Constitucional para para este ‘referendum’ no está sino otorgando una legitimidad a esa votación que no tiene. Esos resultados no son válidos ya que no es una consulta legal, no tiene un censo oficial ni está regulada o avalada por un organismo compentente. Por lo tanto no tiene sentido dedicar tantos esfuerzos por parar una votación que no supone absolutamente ningún tipo de cambio legal. Celebrar una votación no debería ser delito porque no se está atentando contra la libertad de nadie. Diferente sería el caso de que se promulgara alguna ley que obligara a los funcionarios catalanes a desobedecer al gobierno central o a incumplir alguna ley. Ahí sí que tienen que entrar los jueces, porque ahí si se estaría atentando contra la libertad de los ciudadanos. El enfoque por lo tanto es erróneo desde el primer momento y esa aparente fortaleza y defensa de la unidad de España no hace más que animar a los independentistas a seguir adelante, porque cada vez que un miembro del Gobierno de España o algún portavoz del Partido Popular se obceca en atacar la celebración del referendum, lo único que consigue es que más gente se una al bando independentista, ya que todas estas declaraciones se ven como una falta de democracia (aunque en realidad no lo sea). Pero tan importantes son los hechos en este caso como la percepción que los ciudadanos tienen de ellos. No importa que nadie esté quitando libertades al pueblo catalán. Si la gente de Cataluña percibe que realmente están perdiendo derechos, cada vez más personas se volverán más reticentes a cualquier tipo de decisión que venga del Gobierno y por lo tanto, más empeora la situación. Nunca es buena idea atacar a los extremos con extremos. El Partido Popular es un partido nacionalista, tan sordo y egoísta como los nacionalistas catalanes. Es combatir el fuego con el fuego y al final lo que está ocurriendo es que el incendio se nos está yendo de las manos. No hay que ceder a chantajes, hay que cumplir la ley, pero no hablamos de que el Gobierno deba ser blando, sino cordial y flexible; no dar un paso atrás pero tampoco ser tan beligerante contra un grupo de políticos que lo único que han hecho hasta ahora es ‘amenazar’ durante meses con convocar un ‘referendum’. En el momento que hagan algo ilegal, la justicia actuará. Mientras tanto, lo más inteligente sería ignorar la mayoría de sus pretensiones, sonreir amistosamente y no caer en este juego de banderas donde hay mucho más que perder que de ganar para ambos bandos. Tenemos al Gobierno más incompetente de las últimas décadas con el nacionalismo e independentismo catalán más radical y egoísta de la historia. Así nos va.

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