Archivos Mensuales: enero 2017

Cuando la democracia pone a Donald Trump de presidente

Donald Trump ya es el 45º presidente de los EEUU, por mucho que le pese a algunos. Las protestas contra el millonario neoyorkino empezaron incluso antes de que lanzara oficialmente su campaña. Sus ideas no encajan con una visión liberal de la sociedad, sino con una más capitalista, donde el estadounidense va antes que los demás y donde el que quiere algo ha de conseguirlo por sí mismo, sin ayuda del Estado. Esta idea de lo que debe ser un país es bastante diferente a lo que en Europa entendemos por sociedad del bienestar, donde el Estado es el principal garante de la Educación o la Sanidad.  A los europeos nos choca que alguien con una personalidad tan excéntrica como Trump pueda llegar a ser presidente. Sin embargo que este personaje haya llegado a donde ha llegado es consecuencia directa de un hartazgo de una gran parte de la población (en este caso estadounidense) de la política tradicional, bien por el voto directo de muchos de sus ciudadanos o bien por la abstención de muchos de los que no lo querían como presidente pero estaban demasiado ocupados quemando cubos de basura y haciendo pancartas como para ir a votar. Es posible que estos sean los mismos que una vez terminadas las elecciones no han dejado de manifestarse en contra de Trump, acusándolo de machista, racista, xenófobo, fascista y un sinfín de calificativos que catalogan a este elemento como lo peor que existe en el mundo hoy en día. En Europa la reacción ha sido similar (con la salvedad de que aquí no teníamos ni voz ni voto en su elección) y miles de personas se han manifestado en contra de Trump y las políticas que ni siquiera ha tenido tiempo de iniciar como presidente. Es obvio que la mayoría de estas personas se autodenominan progresistas o izquierdistas y ven en Trump una amenaza contra la mujer, los inmigrantes, el medio ambiente, la sanidad pública y los trabajadores. Analizar las políticas que el nuevo presidente de EEUU quiere comenzar su legislatura sería complejo y largo y el debate que se crearía, casi inacabable. Pero hay algo que si bien era sorprendente en sus inicios, ya ha dejado de serlo: la falta de respeto a la democracia. La democracia consiste en que el pueblo elige a sus gobernantes y la decisión de la mayoría se impone sobre la de la minoría. En EEUU la mayoría han elegido a Trump (al menos la mayoría según el sistema electoral estadounidense y la gente que fue a votar) y por lo tanto su mandato es tan legítimo como el de los cuarenta y cuatro presidentes anteriores. Pero como se ha visto en los informativos de las últimas semanas, hay un grupo de personas que no lo acepta. Las ideas de Trump van en contra de las ideas de solidaridad, justicia y paz que estos grupos predican. Sin desmerecer sus reivindicaciones ni demandas, el hecho es que estas personas no han aceptado la única verdad absoluta a día de hoy: que Trump ha ganado las elecciones porque el pueblo así ha querido. Es una falta de respeto a la democracia no aceptar el resultado de una elecciones limpias y protestar por la investidura del candidato que no te gustaba. Durante las épocas de crisis económica y social como la que vivimos actualmente, las ideas tienden a radicalizarse; los de izquierdas se vuelven más de izquierdas y los de derechas más de derechas. Ambos extremos nunca aportan nada bueno a la convivencia y a la democracia. No se puede pretender que siempre gobiernen los que tú apoyas y pensar que los que votan diferente son estúpidos o ignorantes. La democracia consiste también en respetar las decisiones de la mayoría y si esa decisión no te gusta intenta cambiarlo de la misma manera, con más democracia. Si pese a todo nadie te sigue, quizá es que ese método que predicas no convence a la mayoría y tengas que adaptar tu discurso y moderar tus ideas. Me preocupa que la gente en general no sea capaz de aceptar que hay otros que pueden pensar diferente y que el respeto a las ideas de los demás sea algo que poco a poco se va perdiendo. Los manifestantes de la investidura de Trump no están respetando la democracia ni al pueblo de EEUU que con su voto le han elegido. Si será un buen presidente o no, lo decidirá el tiempo, pero mientras tanto, merece la pena reflexionar sobre por qué alguien como Trump ha llegado a presidente y qué ha hecho que gente normal, ni lista ni tonta, ni pobre ni rica, haya votado por un magnate de los casinos en lugar de una político de carrera.

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