No hacer nada también es un crimen

Esta misma semana ha aparecido un nuevo movimiento llamado que rechaza la intervención militar en general y los bombardeos en particular en las zonas donde ISIS (o DAESH, como los terroristas prefieren que no les llamemos) está actuando de manera más evidente: Siria e Irak. En la página web noasusguerras.es leo un manifiesto que entre otras cosas dice lo siguiente: “nos oponemos drásticamente a cualquier respuesta al odio que implique más odio, más intolerancia, más muertes de inocentes y menos derechos y libertades”. “Nuestra repulsa a los ataques terroristas de París y Líbano, nuestra repulsa a los bombardeos contra la población civil siria, nuestra repulsa a recortes democráticos como ineficaces garantías de seguridad y nuestra repulsa a la política exterior belicista iniciada por el Bush-Blair-Aznar”.

Es lógico y bastante certero afirmar o sugerir que la invasión de Irak después de los atentados del once de septiembre en Nueva York no solo no ha ayudado a reducir el número de grupos terroristas en el mundo, sino que su actividad parece ahora más violenta y extendida. Esa fue una decisión errónea. El Gobierno de EEUU tomó la determinación de hacer pagar a alguien el precio de haber atacado a su país, y como el sospechoso principal no estaba a mano para ajusticiarlo, Bush se centró en un dictador que llevaba décadas gobernando Irak y que de una semana a otra, se había convertido en el gran mal del planeta, un mal que había que suprimir. Se planteó una solución errónea a un problema global. Acabar con un tirano y abandonar el país a sus suerte no creó un mundo más seguro. No justifico la legitimidad de Hussein para gobernar ese país, pero invadir un país entero no parece una solución razonable cuando se permiten decenas de dictaduras en otros países sin consecuencias, como por ejemplo, Arabia Saudí.

Es noviembre de 2015 y una serie de atentados terroristas paralizan París y Europa. El miedo se vuelve a apoderar de la mente de la gente y los gobiernos empiezan a tomar medidas. ¿Reacción? Bombardear áreas de Siria donde el DAESH se atrinchera y se hace fuerte. Estas acciones son justificadas por muchos pero rechazadas por otros. Algunos de los que las rechazan son los que han decidido comenzar la campaña de . ¿Estamos ante un nuevo caso de estupidez gubernamental? ¿Está el ser humano condenado a repetir los errores del pasado?

Después de la Primavera Árabe muchos países quedaron ingobernados y los grupos extremistas religiosos vieron la oportunidad para hacerse fuertes. Al Qaeda lleva años matando, pero DAESH ha conseguido fortalecerse sobre todo a partir de estos movimientos en el mundo árabe. Este grupo terrorista lleva años asesinando sin compasión a cientos de personas, la mayoría de ellos musulmanes o kurdos, que no comparten o que se niegan a seguir su desquiciado modo de vida basado en una interpretación radical del Islam y del Corán. Pero sus asesinatos nos quedaban lejos. Siria, Irak, y más tarde Nigeria, con Boko Haram integrándose en el DAESH. Este grupo ha secuestrado y asesinado a centenares de personas inocentes, civiles, personas que han tenido la mala suerte de vivir en medio del camino de estos terroristas. Mientras esto pasaba, Europa apenas ha movido un músculo. Solo se ha centrado en si Al Assad cae o no, en si los rebeldes sirios se harán con el poder o si el ejército controlará la situación. Pero entonces llegó París y nos dimos cuenta que la amenaza no es solo para Oriente Medio, sino para todos los países de este lado del mundo.

Europa, ahora llena de indignación y miedo, está empezando a actuar. Francia bombardea incesantemente los suministros y campamentos del DAESH, y pese a que es un mal tan profundo que no se puede extirpar solo con bombas. Parece razonable empezar a actuar contra este grupo. Durante meses y años Europa ha permitido que murieran cientos por no arriesgarse a emprender acciones militares (mal vistas por una gran parte de la población europea) contra DAESH. Ahora no se puede utilizar la diplomacia, los cantos a la paz ni las buenas maneras. No estamos hablando de gente razonable con la que se pueda negociar, sino con un grupo de asesinos que avanzan incansable e implacablemente contra todo lo que se encuentran, que matan a todos los que se ponen por delante y que no tienen ningún tipo de objetivo más que sembrar el terror allá por donde pasan. No solo es necesaria ahora una intervención militar para parar a DAESH, sino que ya lo era hace años cuando empezaron a asesinar sin piedad a sirios, iraquíes y kurdos. Hay que proteger a la gente, aquí o en Siria. Hay que usar la fuerza para imponer la paz. Si Europa no mueve un dedo para proteger a toda la gente que está muriendo entonces no merecemos la paz dentro de nuestras fronteras. Estamos hablando de usar la fuerza contra la irracionalidad y el fanatismo, no para invadir un país como antaño ni para quitar a un dictador y poner a otro. Es tan simple como proteger a los civiles de los terroristas. No hacer nada no es una opción. Alguien dijo: “quien permanece neutral ante una injusticia ha elegido el lado del opresor”.

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