Muertes que duelen mucho y muertes que no tanto

Justo después del atentado terrorista en París del 13 de noviembre, son muchas las personas que se han sentido impactadas por la gravedad y cercanía del suceso. Desde el mismo momento en que se conoció ese atentado, las portadas de los periódicos y los titulares de los informativos de televisión han dado una cobertura especial a este hecho, nada extraño si valoramos su relevancia informativa. Y como suele ocurrir también en estos casos, y aprovechando que Internet es una ventana abierta al mundo en la que todo el mundo tiene el mismo poder para hablar y escribir, han empezado a llegar opiniones de todo tipo. No seré yo el que haga un análisis de las causas y consecuencias de este atentado pese a que en estas ocasiones todo el mundo parece tener muy claro por qué ocurre lo que ocurre y qué hay que hacer para evitarlo. Mi reflexión va dirigida a aquellos que se escandalizan cuando los periódicos ponen en portada el atentado de Francia y se olvidan (dicen ellos) de los ataques terroristas diarios en Siria, Irak o Afganistán, por poner unos pocos ejemplos. El número de muertos civiles en estos países a causa de los ataques terroristas supera con creces el número de fallecidos por la misma causa en toda Europa. En un par de semanas en Irak puede morir mas gente que sumando todas las víctimas de atentados en Europa. Estas personas de las que hablaba antes (gente indignada) no puede comprender por qué la cobertura informativa de los atentados en países de oriente medio es mucho más breve (o directamente inexistente) mientras que cualquier evento en Europa se trata como un hecho de gran trascendencia. En las clases de ética del colegio se solía enseñar que todas las vidas valen igual, que no hay vidas más valiosas que otras y que un muerto es un muerto independientemente de si es francés o iraquí. Sin embargo esta reflexión está obviando quizá el elemento más importante a considerar cuando hablamos de la muerte, y es el corazón. Es fácil de entender para la mayoría de las personas que la muerte de un familiar nos afecte más que la de un vecino. Igual que la del vecino será más impactante que la de una persona del otro lado de la ciudad a la que no conocíamos, y esta última mucho más perturbadora que la de un iraquí del que desconocíamos su existencia y que está al otro lado del mundo. Los sentimientos importan a la hora de reaccionar ante una desgracia. Es un razonamiento lógico pero que a mucha gente le cuesta entender. Francia, por proximidad y por cultura, es un vecino. Lo que le pase a nuestro  vecino nos va a afectar más. Mi reacción natural ante el atentado de París ha sido de decepción y tristeza. Y debo admitir que apenas me inmuto cada vez que oigo que un coche bomba ha volado medio bazar de Tikrit o que al-Asad ha bombardeado un vecindario entero. SI nos atenemos exclusivamente a las normas éticas (las cuales intentan regular la conducta de una manera lógica) debería sentirme igual de mal por la muerte de esos iraquíes que por la de los franceses, pero no lo hago, simplemente porque no es un sentimiento que tenga de manera espontánea y natural. Si el atentado hubiera sido en Madrid, estaría probablemente mucho más afectado en estos momentos, no digamos ya si estuviéramos hablando de alguien de mi familia o amigos. Es natural sentir dolor por aquellos que conoces o que tienes cerca, y también es natural no sentir tanto muertes de personas que están a miles de kilómetros de distancia, que pertenecen a otro país y a otra cultura, la cual la mayoría de nosotros ni siquiera conocemos. Implicarse emocionalmente en un hecho cambia completamente el punto de vista que tenemos de este hecho. Por eso las víctimas no pueden ser los jueces de sus verdugos, ya que se perdería la capacidad objetiva de juzgar los hechos por lo que son, y no por quién ha matado a quién y en qué contexto. La diferencia existe y existirá siempre, porque somos seres emocionales, incapaces en la mayoría de los casos de separar los sentimientos de los hechos, que reaccionamos de manera instintiva, visceral. Por eso en los países desarrollados tenemos leyes, escritas en frío y con lógica, y jueces, personas a priori cabales y neutrales que se encargan de aplicar la justicia. El ser humano es así y siempre habrá muertes que duelan mucho y muertes que no tanto.

Anuncios
Etiquetado , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: