Archivos Mensuales: noviembre 2015

No hacer nada también es un crimen

Esta misma semana ha aparecido un nuevo movimiento llamado que rechaza la intervención militar en general y los bombardeos en particular en las zonas donde ISIS (o DAESH, como los terroristas prefieren que no les llamemos) está actuando de manera más evidente: Siria e Irak. En la página web noasusguerras.es leo un manifiesto que entre otras cosas dice lo siguiente: “nos oponemos drásticamente a cualquier respuesta al odio que implique más odio, más intolerancia, más muertes de inocentes y menos derechos y libertades”. “Nuestra repulsa a los ataques terroristas de París y Líbano, nuestra repulsa a los bombardeos contra la población civil siria, nuestra repulsa a recortes democráticos como ineficaces garantías de seguridad y nuestra repulsa a la política exterior belicista iniciada por el Bush-Blair-Aznar”.

Es lógico y bastante certero afirmar o sugerir que la invasión de Irak después de los atentados del once de septiembre en Nueva York no solo no ha ayudado a reducir el número de grupos terroristas en el mundo, sino que su actividad parece ahora más violenta y extendida. Esa fue una decisión errónea. El Gobierno de EEUU tomó la determinación de hacer pagar a alguien el precio de haber atacado a su país, y como el sospechoso principal no estaba a mano para ajusticiarlo, Bush se centró en un dictador que llevaba décadas gobernando Irak y que de una semana a otra, se había convertido en el gran mal del planeta, un mal que había que suprimir. Se planteó una solución errónea a un problema global. Acabar con un tirano y abandonar el país a sus suerte no creó un mundo más seguro. No justifico la legitimidad de Hussein para gobernar ese país, pero invadir un país entero no parece una solución razonable cuando se permiten decenas de dictaduras en otros países sin consecuencias, como por ejemplo, Arabia Saudí.

Es noviembre de 2015 y una serie de atentados terroristas paralizan París y Europa. El miedo se vuelve a apoderar de la mente de la gente y los gobiernos empiezan a tomar medidas. ¿Reacción? Bombardear áreas de Siria donde el DAESH se atrinchera y se hace fuerte. Estas acciones son justificadas por muchos pero rechazadas por otros. Algunos de los que las rechazan son los que han decidido comenzar la campaña de . ¿Estamos ante un nuevo caso de estupidez gubernamental? ¿Está el ser humano condenado a repetir los errores del pasado?

Después de la Primavera Árabe muchos países quedaron ingobernados y los grupos extremistas religiosos vieron la oportunidad para hacerse fuertes. Al Qaeda lleva años matando, pero DAESH ha conseguido fortalecerse sobre todo a partir de estos movimientos en el mundo árabe. Este grupo terrorista lleva años asesinando sin compasión a cientos de personas, la mayoría de ellos musulmanes o kurdos, que no comparten o que se niegan a seguir su desquiciado modo de vida basado en una interpretación radical del Islam y del Corán. Pero sus asesinatos nos quedaban lejos. Siria, Irak, y más tarde Nigeria, con Boko Haram integrándose en el DAESH. Este grupo ha secuestrado y asesinado a centenares de personas inocentes, civiles, personas que han tenido la mala suerte de vivir en medio del camino de estos terroristas. Mientras esto pasaba, Europa apenas ha movido un músculo. Solo se ha centrado en si Al Assad cae o no, en si los rebeldes sirios se harán con el poder o si el ejército controlará la situación. Pero entonces llegó París y nos dimos cuenta que la amenaza no es solo para Oriente Medio, sino para todos los países de este lado del mundo.

Europa, ahora llena de indignación y miedo, está empezando a actuar. Francia bombardea incesantemente los suministros y campamentos del DAESH, y pese a que es un mal tan profundo que no se puede extirpar solo con bombas. Parece razonable empezar a actuar contra este grupo. Durante meses y años Europa ha permitido que murieran cientos por no arriesgarse a emprender acciones militares (mal vistas por una gran parte de la población europea) contra DAESH. Ahora no se puede utilizar la diplomacia, los cantos a la paz ni las buenas maneras. No estamos hablando de gente razonable con la que se pueda negociar, sino con un grupo de asesinos que avanzan incansable e implacablemente contra todo lo que se encuentran, que matan a todos los que se ponen por delante y que no tienen ningún tipo de objetivo más que sembrar el terror allá por donde pasan. No solo es necesaria ahora una intervención militar para parar a DAESH, sino que ya lo era hace años cuando empezaron a asesinar sin piedad a sirios, iraquíes y kurdos. Hay que proteger a la gente, aquí o en Siria. Hay que usar la fuerza para imponer la paz. Si Europa no mueve un dedo para proteger a toda la gente que está muriendo entonces no merecemos la paz dentro de nuestras fronteras. Estamos hablando de usar la fuerza contra la irracionalidad y el fanatismo, no para invadir un país como antaño ni para quitar a un dictador y poner a otro. Es tan simple como proteger a los civiles de los terroristas. No hacer nada no es una opción. Alguien dijo: “quien permanece neutral ante una injusticia ha elegido el lado del opresor”.

Anuncios

Muertes que duelen mucho y muertes que no tanto

Justo después del atentado terrorista en París del 13 de noviembre, son muchas las personas que se han sentido impactadas por la gravedad y cercanía del suceso. Desde el mismo momento en que se conoció ese atentado, las portadas de los periódicos y los titulares de los informativos de televisión han dado una cobertura especial a este hecho, nada extraño si valoramos su relevancia informativa. Y como suele ocurrir también en estos casos, y aprovechando que Internet es una ventana abierta al mundo en la que todo el mundo tiene el mismo poder para hablar y escribir, han empezado a llegar opiniones de todo tipo. No seré yo el que haga un análisis de las causas y consecuencias de este atentado pese a que en estas ocasiones todo el mundo parece tener muy claro por qué ocurre lo que ocurre y qué hay que hacer para evitarlo. Mi reflexión va dirigida a aquellos que se escandalizan cuando los periódicos ponen en portada el atentado de Francia y se olvidan (dicen ellos) de los ataques terroristas diarios en Siria, Irak o Afganistán, por poner unos pocos ejemplos. El número de muertos civiles en estos países a causa de los ataques terroristas supera con creces el número de fallecidos por la misma causa en toda Europa. En un par de semanas en Irak puede morir mas gente que sumando todas las víctimas de atentados en Europa. Estas personas de las que hablaba antes (gente indignada) no puede comprender por qué la cobertura informativa de los atentados en países de oriente medio es mucho más breve (o directamente inexistente) mientras que cualquier evento en Europa se trata como un hecho de gran trascendencia. En las clases de ética del colegio se solía enseñar que todas las vidas valen igual, que no hay vidas más valiosas que otras y que un muerto es un muerto independientemente de si es francés o iraquí. Sin embargo esta reflexión está obviando quizá el elemento más importante a considerar cuando hablamos de la muerte, y es el corazón. Es fácil de entender para la mayoría de las personas que la muerte de un familiar nos afecte más que la de un vecino. Igual que la del vecino será más impactante que la de una persona del otro lado de la ciudad a la que no conocíamos, y esta última mucho más perturbadora que la de un iraquí del que desconocíamos su existencia y que está al otro lado del mundo. Los sentimientos importan a la hora de reaccionar ante una desgracia. Es un razonamiento lógico pero que a mucha gente le cuesta entender. Francia, por proximidad y por cultura, es un vecino. Lo que le pase a nuestro  vecino nos va a afectar más. Mi reacción natural ante el atentado de París ha sido de decepción y tristeza. Y debo admitir que apenas me inmuto cada vez que oigo que un coche bomba ha volado medio bazar de Tikrit o que al-Asad ha bombardeado un vecindario entero. SI nos atenemos exclusivamente a las normas éticas (las cuales intentan regular la conducta de una manera lógica) debería sentirme igual de mal por la muerte de esos iraquíes que por la de los franceses, pero no lo hago, simplemente porque no es un sentimiento que tenga de manera espontánea y natural. Si el atentado hubiera sido en Madrid, estaría probablemente mucho más afectado en estos momentos, no digamos ya si estuviéramos hablando de alguien de mi familia o amigos. Es natural sentir dolor por aquellos que conoces o que tienes cerca, y también es natural no sentir tanto muertes de personas que están a miles de kilómetros de distancia, que pertenecen a otro país y a otra cultura, la cual la mayoría de nosotros ni siquiera conocemos. Implicarse emocionalmente en un hecho cambia completamente el punto de vista que tenemos de este hecho. Por eso las víctimas no pueden ser los jueces de sus verdugos, ya que se perdería la capacidad objetiva de juzgar los hechos por lo que son, y no por quién ha matado a quién y en qué contexto. La diferencia existe y existirá siempre, porque somos seres emocionales, incapaces en la mayoría de los casos de separar los sentimientos de los hechos, que reaccionamos de manera instintiva, visceral. Por eso en los países desarrollados tenemos leyes, escritas en frío y con lógica, y jueces, personas a priori cabales y neutrales que se encargan de aplicar la justicia. El ser humano es así y siempre habrá muertes que duelan mucho y muertes que no tanto.

Etiquetado , ,