Archivos Mensuales: junio 2014

Los límites de la democracia en la sociedad moderna

Hay gente que piensa que en los países desarrollados gozamos de una democracia estable y consolidada. Otros creen que en esos mismos países la democracia no es real, sino un espejismo de libertad, en la que los ciudadanos creen elegir a sus gobernantes pero estos ya están previamente seleccionados por entidades superiores a los parlamentos y gobiernos, las grandes corporaciones y los grupos de presión o ‘lobbies’.

Creo que existe democracia real pero la gente no sabe cómo utilizarla a su favor. La tendencia general es que un par de partidos grandes se alternen en el poder mientras los pequeños tratan de ganarse el favor de los votantes sin mucho éxito hasta el día de hoy. Es muy complicado cambiar esta rutina ya que los votos de los partidos tradicionales suelen estar muy consolidados. Hay un gran número de personas que no cambiará sus preferencias políticas pase lo que pase, y eso es un hecho. Entonces hay que irse al otro lado, al lado de las personas que sí pueden cambiar de partido si este les decepciona o miente. Me atrevería a decir que este grupo lo forma la mayoría de los ciudadanos. Sin embargo estos ciudadanos suelen ser menos activos a la hora de participar en unas elecciones, con lo que la victoria del bipartidismo es por lo general, segura. Una de las razones por las que muchas personas no quieren participar en un proceso de votación es porque creen que el sistema está corrompido y que los resultados de cada elección no representan fielmente la voluntad de sus ciudadanos. Pese a que el número de opiniones diferentes es tan alto como el número de personas que pueden votar, sí he observado últimamente que se reclama más participación ciudadana, incluso en la toma de decisiones importantes para el curso de un país como la modificación de ciertos impuestos, el pago de la deuda o los presupuestos generales del Estado. A muchas personas les gustaría, a través de sucesivos referéndums, tomar partido en la toma de decisiones que en principio, corresponde al Gobierno y al parlamento. He de admitir que la idea de que se pregunte a la gente en ciertos asuntos es tentadora. Es más, creo que es necesaria para cosas como por ejemplo decidir qué modelo de estado quieren, o si hay que modificar la Constitución. Este hecho, que sin duda mejoraría nuestra maltrecha democracia, sería aceptable hasta cierto punto, porque no olvidemos que la democracia significa elegir las cosas por mayoría, y en muchas ocasiones, la mayoría se equivoca.

Un sistema electoral debe servir para que la gente elija qué es lo que quiere (mejor sanidad y educación o mejores infraestructuras por ejemplo) a través de sus representantes. Hay que procurar siempre que las cosas salgan de la manera en que la mayoría esté de acuerdo, pero esto solo es válido para ideas abstractas o generales.  Por ejemplo, una mayoría de personas elije a un partido político, que consigue mayoría absoluta en el parlamento, para que haga tan solo una cosa: mejorar la calidad de los servicios públicos. Se han celebrado elecciones y se ha decidido que la prioridad del Estado debe ser esa. Hasta aquí no hay problema, la democracia ha funcionado. Sin embargo en este momento es decisión del Gobierno qué medidas aplicar para conseguir ese objetivo. Sus votantes pueden estar de acuerdo en algunas, pero a lo mejor no lo están en otras. El objetivo final sigue siendo el mismo pero hay pasos que dar y decisiones que tomar y aquí es donde la democracia deja de ser útil. No se puedes elegir el tornillo que has de poner en la viga de un puente de manera democrática. Para cada tipo de viga hay un tornillo más adecuado que otros. El objetivo final es que el puente no se caiga, y es lo que queremos todos. Entonces votemos para elegir al que consideremos más capacitado para construirlo según lo que esperamos del puente (que sea bonito, cómodo, duradero o grande) y dejemos que él, que ya ha pasado por la supervisión popular, tome las decisiones que considere más convenientes para conseguir lo que la gente reclamaba: tener un puente.

Las decisiones políticas (más impuestos o menos hospitales) se pueden consultar, pero las decisiones técnicas hay que dejarlas en manos de los técnicos (valga la redundancia). Y no, los técnicos no son los políticos, sino los inspectores de Hacienda, lo abogados del Estado, los economistas, los ingenieros, los analistas… personas que saben lo que el pueblo ha pedido a través de sus gobernantes (reducir el paro) y que deben resolver de la manera más efectiva y eficiente posible.

La democracia tiene límites, límites que no está marcados por decisiones políticas sino por el sentido común. Hace falta más democracia en todos los países del mundo, pero también hace falta delegar más en los especialistas, en los técnicos; que sean ellos los que, a través de la supervisión constante de los representantes políticos, lleven a cabo de la manera más eficaz y eficiente posible los deseos de la mayoría.

 

Anuncios
Etiquetado , , , , ,