Las iglesias de la Iglesia

Resulta que pese a estar en medio de una de las peores crisis económicas en décadas y pese a que el erario público está bajo mínimos y los impuestos no paran de subir, la Iglesia no paga el IBI de sus propiedades. Pero no solo no paga, sino que pretende, como lleva haciendo desde siempre, apropiarse de edificios y monumentos que deberían pertenecer al patrimonio nacional, es decir, a todos. Es el caso de la mezquita de Córdoba, o catedral, como la denominan ahora. De hecho es ambas, aunque solo se usa para los ritos católicos ya que los musulmanes están vetados. La Iglesia lleva años gestionándola y por supuesto, cuidando de ella. Pero es ahora cuando la santísima Iglesia ha decidido que es hora de que este monumento nacional pase a sus manos, como otros tantos a lo largo de la historia. La ley establece que pasado un número determinado de años, si alguien se ha ocupado de que un inmueble no sufriera daño y además ha invertido dinero en mejorarla y arreglarla, puede pasar a ser de su propiedad tan solo inscribiéndolo en el registro. Es lo que va a hacer la Iglesia. Pero pese a que legalmente es un movimiento legítimo (es cierto que el mantenimiento lo ha realizado la Iglesia, aunque también su gestión y los 8 euros que cuesta la entrada) éticamente es reprobable. Cuando un edificio o construcción forma parte del patrimonio nacional (o mundial, como la mezquita) su titularidad debe recaer siempre en el Estado. No importa si el edificio se construyó con intenciones religiosas, civiles, militares o artísticas. Que una entidad religiosa pueda apropiarse de un monumento como este es algo que no debería suceder. Hemos de entender que la religión y por ende todas las entidades que la representan, deben ceñirse al ámbito de lo privado, no solo en su profesión, sino en su financiación y regulación. España todavía, aunque no lo parezca ya, sigue siendo un Estado aconfesional. La Iglesia ha tenido y sigue teniendo privilegios no solo con respecto a otras entidades de carácter civil (la Cruz Roja por ejemplo, sí paga el IBI de sus inmuebles) sino también con las demás confesiones religiosas. Es un asunto de igualdad y no discriminación, pero también es un asunto de protección del patrimonio que la gente no debería tolerar. La mezquita de Córdoba debería estar en manos del Estado, y este debiera ser quien la gestione. No me opongo a que un edificio como este, siempre que no se impida a los no creyentes visitarlo sin restricciones, sirva para celebrar actos religiosos. Sin embargo actualmente solo los cristianos pueden usar la mezquita-catedral para sus ritos, estando vetado a los musulmanes. La solución es bien simple: se debe permitir que cualquiera ejerza su libertad religiosa dentro de sus muros o si no, se debe gestionar el edificio como si de un museo se tratara y prohibir todo tipo de manifestaciones religiosas que impidan el normal funcionamiento de las visitas. Es un todo o nada, como debería ser siempre que hablamos de religión. No podemos permitir que una confesión concreta siga teniendo privilegios dignos de la Edad Media, mientras el resto de religiones y las personas no creyentes ceden constantemente. Es una cuestión de libertad, justicia, tolerancia e igualdad; valores que la Iglesia católica, al menos a día de hoy, no representa.

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