Archivos Mensuales: diciembre 2013

La necesaria responsabilidad social corporativa

Las empresas buscan obtener el máximo beneficio de sus inversiones, pero para ello deben cumplir una serie de normas y leyes para que sus acciones no resulten perjudiciales a terceros. Durante años la estrategia empresarial se ha limitado a procurar cumplir con la legislación y centrarse en maximizar el beneficio. Muy pocas empresas, incluso a día de hoy, se preocupan de su impacto en la sociedad y en su entorno más allá de lo que exige la normativa. Sin embargo, otras han empezado a entender que ir más allá de lo que la ley estipula puede resultar muy rentable. Se trata de aplicar medidas de responsabilidad social corporativa, es decir, acciones empresariales destinadas a mejorar el entorno de la empresa (desde empleados a clientes, pasando por vecinos o el Gobierno local) yendo más allá de lo que exige la ley. Mediante este tipo de iniciativas es la propia empresa la que se encarga de que su entorno más cercano no solo no sufra daño, sino que sus condiciones sean mejores día a día. Para realizar esto no hace falta una gran inversión sino cambiar las manera de hacer las cosas. Pagar un salario justo a los trabajadores, no contaminar el entorno, apoyar proyectos de conciliación laboral… Las empresas que van más allá de sus responsabilidades legales y destinan tiempo para mejorar las condiciones de su entorno son las que realmente aportan valor a la economía y a la sociedad en estos momentos. Promover este tipo de comportamientos provocaría una mejora generalizada en las condiciones de todos los ciudadanos, haciendo innecesaria la intervención (en muchos casos) de las autoridades para sancionar o multar comportamientos indebidos. Si las empresas se comportan de manera responsable, muchos problemas sociales como la precariedad laboral o la contaminación del aire y el agua se reducirían considerablemente. El Gobierno debe supervisar y controlar, pero los cambios económicos y sociales reales deben comenzar en la base para conseguir cambios efectivos y permanentes.

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Por qué Javier Panadero no es mala persona por no enseñar Excel a sus alumnos

Leo en Naukas un breve texto de Javier Panadero en el que plantea varias preguntas sobre la idoneidad o no de enseñar solo software libre en las escuelas. ¿Conviene más enseñar las herramientas que se usan en las empresas o por el contrario es mejor educar y enseñar herramientas libres que respeten la libertad del usuario y les de una perspectiva más amplia sobre el concepto de propiedad?

Lo primero que hay que resaltar es que estamos hablando, o al menos yo lo hago, de la educación pública. Es el punto más importante porque estamos hablando del dinero de todos los ciudadanos, el cual se debe administrar con extremada precaución. Como dice Javier en su texto, utilizar software privativo (como el Office de Microsoft o el Photoshop de Adobe) implica necesariamente el pago de licencias de uso. Esto no sería un problema si no existieran alternativas, pero de hecho existen y muy buenas. LibreOffice y Gimp son dos ejemplos de programas informáticos libres que cubren el 100% de las necesidades de cualquier estudiante. Pero, ¿por qué enseñar a usar programas que apenas usan un puñado de empresas? La gratuidad no es el principal motivo, ya que el software libre no tiene por qué ser gratis, la principal razón es la libertad del usuario. Utilizar software privativo obliga al usuario a adaptarse al programa y no al revés, comos sería lógico. Además, dada su naturaleza cerrada, el alumno aprenderá a usar un solo producto de una empresa concreta, haciéndolo dependiente de por vida de ese sistema. Por el contrario el software libre permite que no sólo que cualquier empresa lo use en el día a día sin necesidad de pagar costosas licencias de uso, sino que cualquier otro usuario o compañía pueda adaptarlo a sus necesidades para mejorar la eficiencia y la productividad. No es de recibo que se enseñe a utilizar herramientas cerradas en lugar de abiertas con fondos públicos. Esta anomalía en la educación es la que ha creado el problema en las empresas, ya que a la hora de utilizar el ordenador, los estudiantes solo saben usar los programas de Microsoft y poco más. Con lo que incluso una empresa que apueste por el software libre en sus tareas diarias, lo tendrá difícil para encontrar a gente que las conozca. En este momento, la educación pública está formando futuros clientes y usuarios de los programas de una empresa privada, con beneficio privado y la cual, desde mi punto de vista, tendría que ser la que pague porque los profesores enseñen a los usuarios a usar sus productos, y no al revés.La enseñanza pública debe centrarse en enseñar a usar software libre, que cualquier persona o empresa podrá utilizar y adaptar libremente a su conveniencia y que además, otorga una serie de ventajas extras desde el punto de vista de la competencia (al ser libre, un mayor número de empresas puede ofrecer un mismo tipo de productos compatibles entre sí y adaptados a las necesidades del cliente, en lugar de estar a la merced de los caprichos de un monopolio). Si todo el mundo aprendiera desde el colegio a usar exclusivamente software libre, éste sería el estándar de la industria y no habría necesidad de aprender a usar herramientas privativas.

Es por eso que cuando Javier Panadero enseña a usar LibreOffice en lugar de Office y Gimp en lugar de Photoshop, no solo les está enseñando a usar programas informáticos, sino que les está enseñando a ser libres, a no aceptar el statu quo y a ser más críticos y exigentes cuando se trata de su libertad. Es por eso que Panadero, no es mala persona por no enseñar Excel a sus alumnos.

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