Archivos Mensuales: julio 2013

Las predicciones que nos llevan a la ruina

Durante muchos años la economía global ha tenido un crecimiento relativamente estable, solo interrumpido por periodos cortos de desaceleración económica. Hasta la crisis que se inició en 2008, muchos pensaban que crisis como la de principios de los años treinta no volverían a ocurrir. Ahora tenemos mejor información, más tecnología para controlar los mercados y una mayor regulación. Desde el FMI hasta los bancos centrales pasando por las agencias de calificación, todo se examina con lupa y cada organismo lanza sus predicciones. Desde cuánto crecerá un país hasta lo seguro que es un activo financiero. Pero todo eso no ha servido para frenar una de las mayores crisis económicas de la historia. Pese a que se da por hecho la profesionalidad y la capacidad de este tipo de instituciones para analizar la economía, quizá no deberíamos hacerlo. Famoso es ya el ejemplo de Moody’s o Standard and Poors cuando pocos días antes de que el gigante financiero Lehman Brothers quebrara, habían dado a esta entidad la máxima calificación, es decir, era una inversión segura. Después de errores como ese, las agencias sigue funcionando como si tal cosa, y sus notas siguen influyendo en los mercados hasta el punto de modificar la prima de riesgo de algunos países. Deberíamos preguntarnos por qué unas instituciones privadas, cuyos informes están más que sesgados dependiendo de a quién se dirijan, se les permite seguir trabajando. Sería más lógico asignar estas tareas a un organismo público e independiente, que se concentre en los datos, no en las impresiones, y que dictamine de manera objetiva hacia dónde va una economía. Aunque esto último tampoco es fácil. El FMI lanza predicciones sobre el rumbo de la economía de todos los países del mundo. Estas estimaciones van desde un año vista a pocos meses. A un lector con interés sobre estas cifras no se le escapará el vaivén que suponen a medida que se acerca el día D. La cantidad de modificaciones que se hacen son impropias de una entidad como esa. Es cierto que predecir el crecimiento de una economía a este nivel es complejo, pero no sirve de nada afirmar que un país aumentará su PIB en un 1,4% cuando cada mes se revisa esa cifra y acaba siendo un 0,5%. Si el valor final cambia tanto y no se puede tomar en consideración para futuras inversiones, ¿cuál es su utilidad real? Tanto las calificaciones como las predicciones, tienen un efecto directo en la economía. El problema está en que una predicción sobre la situación de un país cambiará la valoración del mismo, con lo que su efectividad como guía para invertir es prácticamente nula. Es por eso que una mala calificación de la deuda soberana de un Estado puede empeorar más de lo que debería esa deuda, y una predicción a la baja de una economía concreta, puede efectivamente hacer empeorar esa economía. Es por eso que los instrumentos globales para definir lo que se debe hacer en cuanto a inversión, gasto o ahorro deberían ser mucho más sutiles y pensar más en los efectos que esas predicciones tienen en la economía real, centrándose más en medir lo que ha ocurrido para mejorarlo, y no en intentar adivinar, como un brujo de feria, el futuro económico de los países.

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