Archivos Mensuales: marzo 2013

La delgada línea entre religión y secta

La existencia de la religión es casi tan antigua como el hombre. Durante miles de años los humanos han adorado a rocas, altares, árboles, montañas, ídolos y estrellas. El número de religiones diferentes a lo largo de la historia es enorme, y durante tantos miles de años ha habido tiempo de sobra para que surjan disidencias y nuevos puntos de vista de las religiones mayoritarias, estos nuevos (o no tan nuevos) cultos son las sectas.

Hablar de una secta en el siglo XIX no es lo mismo que en el siglo XXI. Una de las acepciones de la palabra secta es la de doctrina religiosa o ideológica que se diferencia e independiza de otra, lo que haría de cualquier nueva iglesia surgida de una religión mayoritaria una secta por definición. Sin embargo el tiempo ha hecho que este término adquiera connotaciones negativas, ya que actualmente se piensa en las sectas como organizaciones creadas con el fin de manipular a la gente y sumar fieles que ayuden a conseguir sus objetivos, ya sean puramente religiosos o también, en parte, económicos. Si nos ceñimos a la definición antes mencionada, una secta podría ser perfectamente el protestantismo, escisión de la Iglesia católica. Sin embargo considerar al segundo mayor grupo del cristianismo como una secta sorprendería a cualquiera. Por otro lado, el judaísmo es considerado una religión, por historia y tradición, pese a que el número de creyentes judíos del mundo apenas llegue a 15 millones de personas.

Clasificar a una determinada creencia dentro del grupo de religión o de secta es más complicado de lo que puede parecer a primera vista. Si el número de seguidores establece una clara diferenciación ¿cuál sería el criterio para valorar si un culto es una secta o una religión?.

Actualmente el término secta es claramente negativo, pero se sigue utilizando para definir los pequeños grupos religiosos que no siguen la ortodoxia de las grandes religiones, a menudo con rituales o tradiciones extrañas o que pueden parecer peligrosas ante la opinión pública. La manipulación y el lavado de cerebro a los que se somete en muchas ocasiones a los practicantes de estas sectas, son también características actuales de estos grupos. Sin embargo creo que no sería justo reservar el término peyorativo de secta solo para pequeños grupos, sino que debería utilizarse para criticar o atacar a las tradiciones y dogmas más reaccionarios, incluso cuando estén dentro de las religiones mayoritarias.

Así pues, cualquiera de las nuevas iglesias protestantes que hay en EEUU (mormones, metodistas, evangélicos…) podrían y deberían calificarse como sectas en el sentido negativo de la palabra, ya que siguen comportamientos dañinos para sus miembros (manipulación de sus sentimientos y coacción de la libertad) junto con ideas alejadas de la paz social a la que todo pueblo aspira (el ataque y acoso a los homosexuales). Esto mismo se podría aplicar a los chiíes, que en la religión islámica, están considerados herejes por la rama mayoritaria, los sunníes. Sin embargo sorprendería conocer que países como Irán o Iraq están formados casi íntegramente por chiíes, o como decimos, integrantes de una secta.

Es por eso que con el paso de los años, es cada vez más difícil diferenciar entre religión y secta, entre lo que es susceptible de ser respetado por las leyes y la sociedad y lo que no. Sin embargo hay que tener claro que la diferencia entre ambas es casi exclusivamente un asunto de terminología, porque en el fondo no hay diferencias entre los comportamientos de seguidores de religiones o sectas. Casi todos siguen dogmas y tradiciones que pueden ser muy dañinas (y de hecho lo son) para la sociedad, con lo que calificarlas de uno u otro modo no tiene mayor sentido que el de poner a unas por encima de otras, tanto intelectual como moralmente. Esto es un error, porque ni el número de seguidores ni el reconocimiento de un país entero puede justificar que una creencia es más lógica o beneficiosa que otra, eso es un asunto exclusivo de la razón, algo que desgraciadamente no abunda dentro de las iglesias, mezquitas, templos y sinagogas. No se debe tratar a una creencia en base a su categoría social (religión o secta) sino a lo perjudiciales que sean sus ritos para la sociedad. Así pues, un pequeño grupo de creyentes que se dedican a plantar árboles para honrar a Gaia y no practican el proselitismo con los niños, debería tener mayor consideración que el cristianismo o el islam, que buscan convertir y adaptar las sociedades a sus anticuados dogmas.

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