Archivos Mensuales: diciembre 2012

EEUU y las armas: mala combinación

EEUU se está acostumbrando a una triste realidad que se ha vuelto desgraciadamente habitual, los tiroteos perpetrados generalmente por jóvenes en escuelas y universidades. Han ocurrido con tanta frecuencia en los últimos diez o quince años que ni siquiera sorprende fuera de EEUU.

Entonces es cuando todos nos preguntamos: ¿por qué?. Cientos de expertos se afanan en buscar culpables en el cine violento, los videojuegos, las drogas, la falta de cohesión familiar, la presión de la sociedad, los amigos, la música… Sin embargo es posible que haya una razón más sencilla por la cuál un chico de diecisiete años puede matar a veintiséis personas sin que nadie se lo impida, y es el fácil acceso que tienen los ciudadanos de EEUU a las armas.

Conseguir una licencia de armas no es difícil, aunque tampoco lo es en países como Canadá, Suiza. Este último país es uno de los mayores índices de armas por habitante, sin embargo no solemos escuchar de muchos tiroteos en las escuelas suizas. Entonces, ¿qué diferencia EEUU de Canadá o Suiza?. Tal vez sea una cuestión cultural.

La Constitución de EEUU garantiza el derecho de sus ciudadanos a portar armas. Es algo cultural y tradicional. Cuando una costumbre está fuertemente arraigada en un país, es muy complicado cambiarla o modificarla, aunque sea de forma parcial. Pero como hemos dicho anteriormente, la mera posesión de armas por parte de la población no hace a esa población más violenta. El problema de EEUU es una cuestión de educación, en ese país la gente no solo posee armas sino que está completamente dispuesto a utilizarlas. Creo que ahí está la clave que diferencia a EEUU del reto de países desarrollados.

Cuando alguien consigue una pistola mediante medios ilegales, es probable que el uso que quiera darle sea del todo ilegal. Pero conseguir una pistola por medios legales no garantiza que a la hora de usarla se haga conforme a la ley (esto es defensa de la propia vida y de la sagrada propiedad privada en EEUU). De este modo, tenemos un contexto apropiado para que sucedan desgracias como la de Columbine, Virginia Tech o Connecticut. Un chico de diecisiete años puede coger las armas legales que su madre guarda legalmente en su casa para cometer un asesinato.

Algunos estadounidenses creen que el problema es social. Que los asesinos son siempre jóvenes desequilibrados que no han recibido una educación apropiada, que han coqueteado con las drogas o que han sido objeto de abusos. Si bien esta descripción suele coincidir con la mayoría de los casos en los que un chico mata a sus compañeros de clase, no creo que sea el problema principal. En EEUU hay gente con problemas mentales, pero en una proporción no superior al de países europeos, Japón, Australia o cualquiera de Latinoamérica. Sin embargo, EEUU parece sufrir más que otros estas desgracias. ¿Dónde está la diferencia entonces?, pues que en España o Francia los enfermos mentales lo tienen muy complicado para conseguir una pistola, y en EEUU es tan sencillo como abrir el cajón de tu padre y coger una escopeta y cien balas.

Al final no es un problema que requiera un análisis tan exhaustivo. Si en EEUU muere gente porque enfermos mentales son capaces de conseguir armas, lo lógico sería endurecer la legislación para controlar mejor el mercado de armas y que fuera más complicado conseguir una. No importan las tradiciones ni la Constitución, si algo no funciona, hay que cambiarlo. En Suiza puedes dejar que la gente tengas armas porque son suficientemente responsables como para no provocar una masacre cada seis meses, está claro que en EEUU no lo son.

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La religión no tiene lugar en la escuela pública

La religión es tema de debate desde hace milenios. Las luchas entre creyentes y no creyentes se remontan hasta las primeras edades del hombre. Se podría pensar que la evolución de la sociedad y el desarrollo de los pueblos haría decrecer estos enfrentamientos hasta hacerlos desaparecer por completo, pero lejos de terminar, el problema de las religiones parece agravarse por momentos.

Creer en Dios es eminentemente un acto personal. Cada uno es libre de elegir en qué creer, pero cuando las personas deben vivir juntas en sociedad, hay que ser muy cuidadoso de que una creencia personal no interfiera en la vida y la libertad de los demás. Imponer clases de religión (sea cual sea) en un colegio público (sea o no sea el Estado laico), es un error.

La escuela debe ser un lugar para aprender y desarrollarse intelectualmente. En ella se deben aprender unos conocimientos mínimos para comprender el mundo que nos rodea: matemáticas, física, literatura, arte… son elementos imprescindibles para culturizar a la sociedad y conseguir con ello, ciudadanos instruidos, con personalidad y pensamiento crítico.

Dado que la religión es algo que pertenece al ámbito privado de las personas, no ha lugar a concederle el mas mínimo espacio en un colegio público. El Estado no tiene porqué hacerse cargo de enseñanzas basadas en mitos y tradiciones diversas, que poco o nada aportan al desarrollo intelectual de cada persona. Algo que no debería por otro lado, impedir que cada persona ejerza su libertad como le plazca para practicar y creer en lo que quiera.

Pero estamos hablando de pagar con dinero público unos conocimientos no esenciales basados en textos no científicos ni racionales. El cristianismo suele ser la creencia dominante en las clases de religión de Europa y América. Enseñar esa confesión en lugar de otras (por mucho que la mayoría de la población la profese) es un acto de discriminación hacia el resto de religiones minoritarias, pero aún más, es un acto de discriminación a quien no profesa ninguna religión en absoluto. ¿Porqué no utilizar ese dinero o tiempo en enseñar manualidades? ¿o tecnología? ¿qué tal oratoria? ¿clases de debate?. Hay muchos campos que podrían entrar en las escuelas y que no tienen sitio. La religión está ocupando un lugar que no le corresponde.

La Iglesia está fallando a la hora de cubrir sus propias necesidades (educación religiosa a sus fieles) por sus propios métodos (catequesis en las iglesias y centros religiosos), con lo que se impone a los gobiernos de todo el mundo la obligación de prestar ese servicio de manera gratuita para los alumnos que así lo desean (pagado con los impuestos de creyentes y no creyentes por supuesto).

El que quiera religión, que se lo pague de su bolsillo y lo haga fuera del sistema de educación público. No se puede imponer una creencia determinada a los niños desde pequeños cuando ni siquiera son capaces de discernir entre disyuntivas morales sencillas. La separación entre Iglesia y Estado debe ser total, empezando por la educación, para que los ciudadanos sean libres de poder creer o no creer sin la presión de los ‘lobbys’ religiosos.

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