Archivos Mensuales: agosto 2012

La agresividad: uno de nuestros mayores problemas

Salía de trabajar sobre las diez y media de la noche. Me dirigí al metro como todos los días para volver a casa. Cuando llegó el tren, me senté en un lugar esquinado, lejos de la puerta. Abrí mi mochila y como siempre hago a la vuelta, saqué un libro y me puse a leer. Dos estaciones más tarde, dos chicas y un chico visiblemente malhumorado se sentaban justo enfrente de mi.

A nadie suelen importarle las conversaciones ajenas cuando vas pensando en tus cosas o leyendo una buena novela, pero cuando las discusiones se hacen a voz en grito, no puedes no prestar algo de atención. El chaval tendría unos dieciocho años. Vestía una camiseta rosa sin mangas, pantalón corto de deporte, zapatillas anchas y una bolsa de deporte de tamaño considerable. Probablemente iba al gimnasio, ya que era de complexión fuerte y brazos musculosos. Una de las dos chicas era su novia.

La chica parecía disgustada. Cabizbaja y con los ojos llorosos, se tapaba la boca con la mano y no decía una palabra. Habría tenido una de esas discusiones adolescentes con su chico, algo habitual pero que no todos saben llevar igual de bien. El chaval había ido a ver a su novia desde el pueblo, unas cinco horas de carretera. Debía coger un autobús al día siguiente para regresar, y estaba visiblemente enfadado. Creo que no era la discusión en sí lo que le afligía, sino que su novia no hablara ni contestara a sus preguntas. El chico se ponía cada vez más nervioso y comenzó a gritarle y a insultarla. La amiga, sentada en ese momento entre los dos, intentaba poner calma, pero sin decantarse por ninguno de los dos.

Lo que me impactó no fue que dos personas estuvieran enfadadas, ni siquiera que uno de los dos perdiera los nervios y gritara (con suerte no llegó a más), sino la manera en que él se dirigía a la chica. Era una actitud de desprecio absoluto, de falta de respeto por la otra persona. Pude observar que esa actitud debía ser algo habitual en el comportamiento del muchacho, ya que en un momento dentro de esa media hora, llamó a su abuela y sus palabras no fueron menos agresivas. Quizá ahí está el quid de la cuestión, la agresividad.

Ante un problema la gente actúa de diferentes maneras, pero cada vez más se tiende al comportamiento agresivo, independientemente de la gravedad de la situación. Creo que está motivado por este ‘honor del siglo XXI’ en donde cualquiera afrenta personal, verbal o física, debe ser vengada y devuelta con creces. Nadie aguanta tonterías de nadie, la gente ‘se calienta’ muy rápido. Esto es un problema, quizá el mayor problema que tenemos hoy en día en nuestra sociedad.

Esa agresividad incontrolada es la causante de los malos tratos (tanto verbales, como con la chica del metro) como físicos. Es la causa de que existan abusones en los colegios, peleas callejeras y discusiones que llegan a las manos cuando hay frenazos y atascos.

Ese chico es un maltratador potencial, porque si no es capaz de contenerse en un vagón de metro, delante de veinte personas, llamando ‘gilipollas’, ‘niñata’ y ‘zorra’ a su propia novia, qué no hará cuando esté en la intimidad de su hogar, solo ante ella.

Pero no solo quedé sorprendido por la actitud de él, sino por la de ella. Sumisa, silenciosa, incapaz de decir basta. Este tipo de comportamiento es cada vez más habitual entre chicas jóvenes. Chicas que se dejan avasallar por sus novios, que viven para complacerlos, que no son capaces de vivir según su voluntad y justifican, sistemáticamente, los comportamientos del chico.

Tenemos un problema de educación grave. No solo en lo que respecta a los conocimientos académicos, sino en la manera de tratarnos mutuamente. Los delincuentes se crean durante la educación secundaria. Eliminar la agresividad de los jóvenes tiene que ser nuestra prioridad.

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Wikipedia: patrimonio de la humanidad

Durante años fueron muchas las familias que ahorraron dinero para poder comprar una enciclopedia. Tomos enormes, encuadernados en cuero, con cientos de páginas satinadas y grandes mapas y fotografías. Algo esencial para cualquier estudiante.

Más tarde y siguiendo la evolución lógica de la tecnología, llegaron las enciclopedias en CD. Lo que antes ocupaba una estantería entera, ahora podía llevarse cómodamente en un disco de plástico. Pero lo que no se redujo sustancialmente era el precio. Comprar una enciclopedia virtual seguía siendo caro y poco accesible. Y cuando el conocimiento es un bien de lujo, las alternativas no tardan en surgir.

Y llegó Internet. Un lugar donde compartir información sin límite, donde se democratizan los conocimientos y ofrece por primera vez, una solución inteligente a las grandes necesidades de información que tenía el mundo, nace la Wikipedia.

Wiki es el término utilizado para definir una página web en la que sus contenidos pueden ser editados por varias personas, de manera colaborativa. Wikipedia nació con esa intención, una enciclopedia hecha por los usuarios y para los usuarios.

El éxito le llegó pronto. Millones de personas las consultan a diario y es la enciclopedia de referencia para casi todos los internautas del mundo. Su triunfo se cimenta en su carácter abierto y en la calidad de sus artículos.

Wikipedia está hecha por todos. Cualquiera puede acceder a ella y añadir un dato, corregir un error, aportar más información o comenzar una nueva entrada sobre un tema del que nadie ha escrito todavía. Pese a que muchos piensan que no se puede obtener un producto de calidad si cualquiera puede cambiar la información, lo cierto es que ese aspecto es el que ha conseguido que la Wikipedia tenga tanta calidad.

Una empresa privada que escriba una enciclopedia, deberá contratar a personal que investigue y redacte los artículos. Por muchos que pueda conseguir, nunca llegará a los millones que día tras día bucean en los contenidos de la Wikipedia. Un error suele ser corregido en cuestión de minutos, sino segundos. Un nuevo dato se actualiza al instante. Y miles de ojos escudriñan los párrafos diariamente  en busca de erratas e inexactitudes. Esto es lo que hace grande la Wikipedia.

Un estudio reciente afirma haber comparado varios artículos científicos de Wikipedia con otras enciclopedias como la Británica. El resultado del estudio podría resultar sorprendente para los profanos, pero no es nada nuevo. La Wikipedia es tan o más fiable que la Enciclopedia Británica.

Una obra privada (como han sido siempre las enciclopedias Espasa, Británica o Larousse) es más proclive al sesgo y a la inexactitud. Primero por el número de personas que trabajan en ellas y segundo porque una editorial puede tener un punto de vista poco fiel a la realidad, y sin embargo ese error o manipulación saldría a la luz como verdad.

Como ejemplo reciente citaré una línea en la que el Diccionario Biográfico Español, editado por la Real Academia de Historia (entidad que no debería ser sospechosa ser poco rigurosa), habla sobre Franco, el cuál según dicha obra, “montó un régimen autoritario, pero no totalitario”. Una afirmación más que osada y claramente errónea, cuando en el Discurso de la Victoria, leído por el mismísimo Franco, este afirma que “un estado totalitario armonizará en España el funcionamiento de todas las capacidades y energías del país”.

Al final, lo que en un principio parece una debilidad (el hecho de que cualquiera pueda modificar un artículo), se convierte en su mayor fortaleza. La Wikipedia es grande porque es abierta. Y tristemente, sigue siendo un recurso poco explotado en colegios y universidades, que obligan a sus alumnos a gastarse cientos en euros en manuales que no aportan más que la opinión de su autor. A ningún profesor debería temblarle la voz al recomendar a sus alumnos que consulten la Wikipedia.

La colaboración es un pilar esencial en la sociedad en general y en el mundo del conocimiento en particular. El mismo sistema que usa la Wikipedia podría trasladarse a miles de publicaciones científicas o técnicas, donde lo comercial que sea una obra no debería importar. La Wikipedia es ahora mismo la fuente más rigurosa, fiable y libre de conocimiento que tiene la humanidad. Un tesoro que debemos conservar y cuidar, y que será legado a generaciones venideras como uno de los logros más notables de principios del siglo XX.

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Si recortas por la base, el sistema de desmorona

Por primera vez en veinte años, el número de profesores en la enseñanza pública ha disminuido. Negros nubarrones se ciernen sobre la educación en este país.

Cuando una economía está en problemas hay dos cosas que tiene que hacer: por un lado reducir gastos innecesarios, por el otro aumentar los ingresos del estado. Nadie diría que procurar gastar menos para salir de una recesión es negativo. Pero a la hora de usar la tijera hay varias zonas de la tela que puedes cortar. Y si necesitas desprenderte de algo es mejor que sea del bajo de los pantalones antes que del botón que lo mantiene sujeto.

Este país tiene muchos problemas y su análisis trae de cabeza a los economistas de  España y media Europa. Que si la burbuja inmobiliaria, que si la corrupción, que si el gasto desenfrenado de las autonomías… Todo ello ha contribuido durante años a agrandar la bola de despropósitos que ahora nos aplasta sin remisión. Pero a la hora de buscar una solución hay que centrarse en lo que causa la corrupción, la golfería y la pillería, y es una educación deficiente.

Hace no tantos años, miles de chavales dejaron sus estudios para ganar miles de euros en trabajos relacionados con la construcción. No tenía sentido seguir más allá de la ESO (los que la terminaban) para pasarse años en una carrera universitaria que no te llevaría a ningún sitio. Licenciados de prácticas o ganando menos de mil euros contra peones que hacían más del doble. ¿Para qué esforzarse?

El sistema educativo ha sido siempre un problema en este país. Tasas de abandono escolar exageradamente altas y una disciplina decreciente en el alumnado año tras año. Como casi siempre, aquí la responsabilidad es compartida. Primero por los dos partidos políticos que desde 1982 gobiernan en inexorable bipartidismo, el cual ha empobrecido la democracia hasta un punto inimaginable hace pocos años. Segundo por la sociedad idiotizada que legislatura tras legislatura, no era capaz de aplicar un voto de castigo a quien lo hacía mal, dejándose engañar por la virtual situación de bienestar que España creó en los 2000, y que ha terminado siendo nuestra ruina, con una cantidad ingente de jóvenes sin estudios, sin educación y sin más meta en la vida que hacer malabarismos para conseguir un subsidio de desempleo.

Tampoco ayudó el seguir formándose hasta la universidad, ya que gracias a los incompetentes gobiernos que hemos padecido desde hace años, el dinero prefirió invertirse en ladrillo y cemento, antes que en proyectos de futuro que realmente puedan crear riqueza.

Y ahora, cuando es vital tomar las decisiones correctas para no volver a caer en una situación similar,  la educación es la primera en sufrir los recortes de un Gobierno nunca supo a qué jugaba, ni siquiera en los años buenos.

Si la situación obliga a reducir gastos, se debe empezar por la parte de arriba, la superficial, la burocrática. Eliminando coches oficiales, cargos elegidos a dedo, diputaciones, papeleos, oficinas de esto y de lo otro… Si recortamos por la base, el sistema entero de va a desmoronar, y la generación que viene no será la que nos saque de la situación, y a falta de una, perderemos dos.

O mucho cambian las cosas (empezando por nosotros, los ciudadanos de a pie) o me temo que los mismos sinvergüenzas que han manejado los hilos desde que tengo uso de razón, acabarán saliéndose con la suya. Otra vez.

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