Archivos Mensuales: mayo 2012

No nos apropiemos del movimiento #12M15M

El 12 de mayo pretende ser un nuevo día de reivindicación de los ciudadanos del mundo en contra de los gobiernos y sistemas corruptos. Miles de manifestaciones han sido convocadas a lo largo y ancho del mundo, con el fin de tener un impacto global. Las exigencias no han cambiado desde el año pasado, cuando la fecha a recordar era el día 15: libertad, honestidad y justicia.

Se presenta otra buena oportunidad para reivindicar nuestros derechos, pero hay que hacerlo bien. Hay que saber en primer lugar porqué se protesta, es decir, conocer de antemano las razones por las que acudimos a un evento como este. Cualquier persona que vaya a una manifestación, debería ser capaz de explicar de manera más o menos exhaustiva, sus razones para protestar. No es preciso un conocimiento profundo de la economía o de la política, sino tener claras las razones por las que una persona saldría a la calle. Gritar por gritar no sirve de nada.

Sin embargo, hay un peligro que suele ser habitual en cualquier tipo de manifestación, y es la apropiación de la misma por parte de pequeños grupos con ideologías muy concretas. En una protesta de esta magnitud, deberían caber todas las personas que estén indignadas, sin que haya exclusión por sus ideas. A menudo observo que en este tipo de manifestaciones siempre hay gente con banderas o insignias que representan ideologías, organizaciones o partidos. Una bandera de la Segunda República, un cartel de Comisiones Obreras o una pancarta del Partido Comunista, podrían ser buenos ejemplos. Al usar estos elementos claramente politizados, estamos apropiándonos ideológicamente de un movimiento social apolítico y ciudadano. Las manifestaciones que vienen no son anticapitalistas ni de izquierdas, o no deberían. El éxito que tuvo el movimiento 15M se basó en que se excluyeron a las organizaciones y se integró a las personas como ciudadanos libres e independientes. Algo que con el tiempo se fue deteriorando y que acabó por denigrar mucho el movimiento.

No necesito saber tu ideología para confraternizar contigo, solo saber que estamos de acuerdo y que luchamos por lo mismo. Utilizar símbolos políticos no viene a cuento, al menos en lo que el movimiento 15M debería ser. Por todo esto, espero no ver mañana banderas ni pancartas de ideologías o partidos concretos, y sí espero ver a personas, con sus ideas bajo el brazo, exigiendo justicia y libertad en nombre del pueblo, de sus ciudadanos. Esta es la única manera de estar unidos y de conseguir los objetivos comunes que tenemos la mayoría. El #12M15M debe triunfar. Nos jugamos mucho, y sí, podemos cambiar las cosas.

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El banco que nos merecemos

Podría parecer que las preocupaciones principales de los gobernantes, en un contexto de crisis económica como la actual, serían principalmente el estado de sus ciudadanos. Que tenga para comer, que puedan ir a un médico, garantizarles una educación y proporcionarles seguridad. Pero a la hora de la verdad, las prioridades, al menos aquí, en España, están resultando algo diferentes.

Los bancos, esas entidades crediticias que navegan en un mar de incertidumbre, son la principal preocupación de los gobiernos. Si bien es cierto que un descalabro del sistema financiero sería un desastre para la economía y el normal funcionamiento de un país, no es menos cierto que garantizar con dinero público todas y cada una de las meteduras de pata de estas entidades no es de recibo.

En estos días un gran banco anuncia que tiene problemas, que necesita ayuda. ¿Y quién no?. Durante años sus consejeros y directivos se llenaron los bolsillos con dinero fácil proveniente de la especulación inmobiliaria y las operaciones de alto riesgo.Y ahora, cuando los negocios han salido mal, piden ayuda a papá estado. “Too big to fall”, es una expresión común en EEUU para denominar a las empresas que por sus dimensiones e integración en la economía de un país, no puede quebrar. Y no porque sus cuentas sean tan solventes que se vuelvan inmunes a los caprichos del mercado, sino porque el estado, ese ente del que tanto recelan cuando pone límites a la sinrazón, lo respaldará contra viento y marea. Sí, dejarlo caer sería un desastre, pero salvarlo también puede conducirnos a la ruina.

Muchos creen que en casos como el de este banco solo hay dos opciones, dejarlo a su suerte o rescatarlo con dinero público para sanearlo. La primera nadie la contempla (o quizá sí), y la segunda parece ser la opción preferida de la mentalidad capitalista y neoliberal que impera ahora mismo en Europa. Pero no pensemos que las cosas son blancas o negras, ya que nadie dijo que el capitalismo solo tuviera un método y un camino, y lo contrario no es sólo la anarquía y el comunismo.

Una solución, relativamente simple, con la que muchos están de acuerdo pero por casualidades del destino, ninguno forma parte del gobierno está la opción de nacionalizar el banco. Esto se puede hacer de millares de maneras diferentes, pero la idea se puede simplificar de manera sencilla. Se expropian todos los bienes del banco, incluyendo por supuesto todo sus fondos ( y deudas). Se garantizan las cuentas corrientes y de ahorro, aquellas de ciudadanos que tan solo querían un lugar donde guardar el dinero. Se deshecha todo lo demás. Inversiones especulativas, acciones etc. Todo eso quedará reducido a cero, mucha gente perderá dinero. Exceptuando aquellos que fueron engañados para meter su dinero en fondos de dudosa legalidad (que hay bastantes), todos los demás supieron a lo que se enfrentaban. Cuando haces una inversión aceptas un riesgo. Ese riesgo suele ser directamente proporcional al beneficio potencial de la inversión. A más riesgo asumido, más posibilidad de grandes beneficios, pero también más posibilidad de perderlo todo. ¿Porqué habría el estado que rescatar a aquellos que asumieron un riesgo consciente?

El problema es que se equiparan los derechos de los inversores de capital con el de los ahorradores, y creo que no deben ser iguales. Una nacionalización bien hecha, garantizaría los depósitos de los ahorradores y además, sanearía un banco que, una vez público, podría emplearse para reactivar el crédito a las empresas y además, en la mayoría de los casos, disponer de un paquete de viviendas tan enorme que se podrían iniciar programas de alquileres baratos o viviendas de protección oficial.

¿Salvar un banco? ¿Para qué? ¿Para que sus dueños continúen los desfalcos y estafas? Si ese rescate no produce cambios positivos en la sociedad, no tiene sentido. Si los ciudadanos no son los beneficiados de esta medida, mejor olvidarse de todo y dejar que los mercados sigan su curso y arrasen con todo. Estaría bien que al final del todo, al menos por una vez, los que han metido la pata y nos han llevado a esta situación, paguen por lo que han hecho. Un banco que sea un mero intermediario, que nos guarde el dinero, que respete las reglas, que ayude a la economía y que tenga ética. Ese es el banco que nos merecemos.

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