Archivos Mensuales: marzo 2012

No estamos preparados para la democracia real

En Occidente se nos llena la boca cuando hablamos de nuestras democracias. Ese sistema en el que el pueblo elige a sus gobernantes. Sin embargo la democracia actual está tan desvirtuada de lo que en teoría debería ser, que cuesta creer que sigamos creyendo en ella.

En unas elecciones, unos candidatos se presentan y exponen sus ideas. La gente escucha, reflexiona sobre ellas y vota al candidato que más le convenza. Pero la realidad es otra. La parte de escuchar y reflexionar, a menudo se salta, con lo que la gente directamente vota. Pero votar sin haber pasado por la fase de escuchar y la fase reflexiva, es un acto enormemente irresponsable. La democracia no funciona bien precisamente por eso. Los “votantes viscerales” son un virus para la democracia. Cuando una persona es mala contigo, te miente o te maltrata, lo más normal es cortar tu relación con ella, o al menos recriminárselo para que cambie su actitud. Este es el comportamiento lógico del ser humano. Pero a la hora de votar, la racionalidad en muchas ocasiones se pierde. Y ocurren casos como que un corrupto, un genocida o un censor lleguen al poder por obra y gracia de sus fieles votantes viscerales.

En Europa tenemos un ejemplo sencillo de observar, aunque se podría aplicar a casi cualquier país desarrollado del mundo. Tenemos una crisis económica provocada en gran parte por los bancos en connivencia con los gobernantes de los países donde operan. Y son esos gobernantes los que ahora mismo están salvando a los bancos en detrimento de las personas. Y curiosamente, para cerrar el círculo de despropósitos y demencias, son esas personas los que han elegido, eligen y vuelven a elegir una y otra vez, a esos gobernantes.

Es por ello que creo que la sociedad actual, tal y como la conocemos, no está preparada para la democracia real. Una democracia en la que el inepto se va y entra el competente, en la que decir la verdad es importante, en la que ser honrado es vital, y en la que los ciudadanos castigan con el voto a quien lo hace mal.

Los causantes de esta enfermedad en nuestra sociedad son principalmente dos tipos de personas: los fieles y los indiferentes.

Los fieles son aquellos que votan por el color. Indistintamente de las personas, de sus ideas particulares y sin tener en cuenta por supuesto, lo que ha hecho, esté bien o mal. Este es el tipo de personas que votan a un corrupto para un cargo público después de haber robado en su etapa anterior. Son fieles al partido. Justifican los hechos de maneras inverosímiles y creen siempre que cuando un miembro de su grupo está acusado de algún delito, la culpa es del partido rival, que solo quiere echar mierda. Este tipo de personas, aunque contribuyen bastante a que haya corruptos y mentirosos en los gobiernos, no son los únicos causantes del virus.

Los indiferentes son aquellos que pase lo que pase, se abstienen de participar en unas elecciones. Están descontentos con el sistema y no quieren apoyarlo o tomar parte en él de ninguna manera. O bien directamente no les importa nada quien salga elegido ya que nada cambiará. Este tipo de personas son los que otorgan directamente el poder a los primeros, a los fieles, ya que su no participación, combinada con la participación constante de los otros, hace que sean siempre los mismos los que están en el poder. Prueba de ello es el alarmante bipartidismo de casi todas las economías occidentales. Muchos de estos indiferentes saldrán a las calles a manifestarse, a protestar, a llamar fascistas a muchos políticos y a pedir una democracia real. Pero la única manera no destructiva de cambiar las cosas, la única manera que funciona, que es votando y participando en el sistema para cambiarlo desde dentro, esa manera no la contemplan. Es un error y una estupidez.

La gente no ha entendido lo que es la democracia, no estamos preparados para ello. Y pasarán años antes de que las personas actúen responsablemente para con su país. Pero hasta que eso ocurra, tendremos a los causantes de la crisis gobernando y diciéndonos lo que tenemos que hacer para salir de ella, soluciones que por supuesto no les afectan a ellos. Quizá esto es lo que desea la mayoría. En ese caso, no hay más que decir.

 

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¿Por qué es importante la privacidad en Internet?

Internet y todo lo que conlleva puede ser el mayor avance científico de la humanidad en las últimas décadas. La conexión permanente del ciudadano con el mundo, crea nuevas maneras de expresarse y comunicarse, pero también de relacionarse y organizarse. Pero todas las cosas tienen un lado negativo, y aunque el lado negativo de Internet no sea una característica intrínseca, sí que es algo real de lo que debiéramos tener cuidado.

La Red está controlada. De una manera o de otra. Las empresas proveedoras de servicios monitorizan nuestra actividad, y del resto (censurar contenidos, cerrar páginas web, etc.) ya se encargan los “lobbys” de la industria audiovisual con la connivencia de los gobiernos de todos los países.

Hay varias maneras de hacer la travesía menos peligrosa. Si uno tiene cuidado, el control que estos entes ejercen sobre las personas se puede reducir casi a cero. Así que el problema es, en parte, subsanable. Pero hay algo que juega en contra de todos nosotros, y somos nosotros mismos. Hablo de aquellos a los que su privacidad y seguridad personal no les importa en absoluto, bien por ignorancia o bien por estulticia.

Muchas empresas en Internet, ofrecen gratis sus servicios a cambio de “nada”. Para alguien poco ducho en la materia, ese “nada” significa literalmente, nada. Pero bajo el análisis escrupuloso de una persona preocupada por estos temas, ese “nada” esconde la pérdida de privacidad y seguridad antes mencionadas. Por ejemplo, permitir que una empresa privada lea tus correos electrónicos, almacene las búsquedas que haces en la red, guarde tus datos personales para venderlos a otras empresas, o simplemente se quede con todas tus fotos personales, es una temeridad. Aun después de explicar el problema y de tener la certeza de que la otra persona lo ha entendido, surge la recurrente justificación: yo no tengo nada que esconder, por tanto, no necesito cuidar de mi privacidad.

Esta aseveración es cuando menos curiosa. Probablemente esa misma persona nunca dejaría que un desconocido le haga fotos mientras está en la ducha, ni quisiera que cualquiera que pase por la calle le dijera a qué comercio debería entrar y a cuál no, y tampoco le gustaría probablemente, que todos sus compañeros de clase o de trabajo supieran que tiene un forúnculo en el culo. Así que sí, los límites existen y a todos les preocupa de una manera u otra su privacidad. Por lo tanto, no es una cuestión de no tener nada que esconder, sino de dónde ponemos el listón.

El listón debería estar mucho más bajo de lo que el usuario corriente suele ponerlo. El rastreo de tus conversaciones privadas alojadas en tu correo electrónico, les da información sobre ciertos hábitos o conductas que podrían derivar en varios problemas. Por ejemplo, que al realizar una búsqueda de información en la Internet, los resultados de esa búsqueda no sean más que una selección parcial de lo que realmente existe. Es decir. La información se ofrece con un sesgo adaptado a tus preferencias, de manera que se ocultarán datos contrarios a tu ideología (por ejemplo) y se expondrán documentos más favorables a tus ideas. También está el peligro de que una empresa privada trafique con nuestros datos y los venda al mejor postor, con el fin de obtener un segmento del mercado más localizado y útil. De esta manera, los grandes monopolios te ofrecerán sus productos en exclusiva en detrimento de otros más pequeños que sin embargo, podrían haber cubierto tus necesidades mucho mejor. Además está la obvia problemática de que cualquiera con mínimos conocimientos en el manejo de sistemas informáticos, acceda a toda tu vida social, conociendo las personas con las que te relacionas, las cervezas que bebes el fin de semana, las fotos de tu última excursión a la playa y tu estado civil.

Pero pese a todo, esos no son los problemas más graves. La privacidad en algunos casos, es una cuestión de vida o muerte. En algunos países, evitar el control gubernamental es vital para no acabar entre rejas o muerto. Exponer sus datos así como así, puede significar en el mejor de los casos la censura, y en el peor, una condena a muerte por traición al gobierno o a la religión que proceda. ¿Y quién nos garantiza que toda esta información que tan alegremente regalamos a las empresas y gobiernos, no se utilizará algún día contra nosotros? No sería la primera vez que un bloguero o periodista termina en la cárcel. Basta la redacción de una nueva ley para convertir a miles de personas en delincuente y terroristas. Por eso la privacidad era importante ayer, lo es hoy, y sin ninguna duda lo será mañana.

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