Archivos Mensuales: julio 2011

Expertos

Quizá sea impresión mía, pero me da la sensación de que hoy en día, todas las personas son expertas en muchos campos.

Ya sea hablar de fútbol, política o economía; cada persona sabe (y por supuesto tiene razón) qué se debería haber hecho, que habría que hacer ahora y qué se tendría que hacer en el futuro.

La libertad es lo que tiene.

Pero los puntos de vista no dejan de ser eso, puntos de vista. Las opiniones se quedan en opiniones, y cuando los temas dejan de ser banales y adquieren un carácter más serio, entonces ya no aceptamos las opiniones del resto como solíamos.

Si alguien padece un achaque, lo normal es consultar a un médico. Quizá la abuela con sus remedios, sepa curar muy bien el constipado, pero bien sabes que prescindir de la opinión cualificada de un doctor, es tomar un riesgo.

No creo que nadie esté en desacuerdo con esa afirmación. La preparación de una persona influye en el grado de veracidad y consideración que tenemos de ella. Llevar la contraria un médico es algo bastante osado.

Pero la cosa cambia según qué temas estemos tratando. Cuanto menos consecuencias tiene el hablar sobre un tema, más “expertos” aparecen.

Así, podemos encontrar a muchos expertos sobre fútbol, economía, política o incluso historia. Las opiniones en esos campos no suelen tener una influencia directa sobre nuestras vidas o las de los demás. En cambio si un ingeniero está decidiendo sobre el número de pilares que llevará el puente, no creo que ningún paseante ose replicarle.

La cuestión no es opinar sólo de lo que uno realmente sabe, si no opinar de todo con responsabilidad.

A menudo abundan personas que utilizando información superficial obtenida en periódicos o televisión, creen que su opinión ha de tenerse en cuenta al mismo nivel que la de los demás. Al fin y al cabo, estamos en una democracia. Pero el asunto es mucho más complejo de lo que aparenta.

En la era de la sobreinformación y la desinformación (que es la misma, es decir, ahora), los expertos de verdad ya no tienen el mismo prestigio que antaño, ya que cualquier minundi podría hacer ese trabajo.

Opinar sin un mínimo de conocimientos sobre un tema concreto, de una manera arrogante y con poca actitud de escuchar y aprender de los demás, es algo muy negativo.

Todo es opinable hasta cierto punto. Cualquier persona puede debatir sobre si una mesa es más o menos bonita, o si ese o el otro color le sientan mejor. Pero si nos metemos en una conversación de carácter técnico sobre lo bien que está hecha la mesa, entonces debemos de partir de unas bases para no caer en la estulticia. Conocer los entresijos del diseño y la fabricación de una mesa, o bien tener la experiencia necesaria para poder dar una opinión razonablemente lógica sobre el tema.

No quiero dar la impresión de que se debería limitar la libertad de las personas de hablar sobre lo que quieran, si no que nosotros mismos deberíamos limitar el número de temas de los que nos consideramos “expertos” y ahondar más en los que creemos conocer, dejando más oportunidades a otros para poder aprender de sus experiencias.

El método para lograrlo es tan sencillo como pensar dos segundos antes de hablar, y preguntarnos si  conozco un tema lo suficientemente bien como para poder aportar algo al debate. En caso contrario, calla, escucha y quizá la siguiente vez puedas entrar siendo el “experto”.

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Estafermo

Todo el mundo puede hablar, pero no todos escribir.

Escribir es algo más que plasmar con letras tus pensamientos. Es algo más que teclear en el ordenador o deslizar una pluma sobre un papel. La escritura permite tomarte tu tiempo, pararte a pensar, corregir tus palabras y darle diferentes matices. Podría decirse que me siento cómodo escribiendo.

He acumulado demasiadas ideas y pensamientos en mi cabeza, cosas que se quedan en mi mente, dando vueltas y revoloteando sin llegar a ninguna parte. Ha llegado la hora de que todo eso llegue a algún sitio.

Si no eres hábil y golpeas el estafermo con virulencia, probablemente te devolverá el golpe y caerás noqueado. Si no tienes cuidado con lo que escribes tus palabras se volverán contra ti, dejándote en evidencia.

Pero quedarse parado sin hacer nada es la peor de las decisiones, así que escribiré.

No pretendo que te guste lo que voy a decirte, ni que estés de acuerdo conmigo. Solo espero provocar una reacción en ti al final de cada texto, ya que la indiferencia del lector es lo peor que le puede pasar a un escritor.

Veremos si lo consigo.

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